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sábado, 11 de junio de 2005

La Bombilla

¿Cuántos bakalas se necesitan para cambiar una bombilla?... No se sabe, van tan empastillados que ninguno se da cuenta de si la bombilla está fundida.

¿Cuántos black-death metaleros se necesitan para cambiar una bombilla?... "¡¡Por Satán!! ¿Para qué quieres cambiar la bombilla, con lo hermosa que es la oscuridad?"

¿Cuántos gothic-doom metaleros se necesitan para cambiar una bombilla?... "Estoy demasiado deprimido. La vida es una asco. Nada tiene sentido. Ya la cambiaré otro día."

¿Cuántos epic-power metaleros se necesitan para cambiar una bombilla?... ¡SOLO UNO!De las frías tierras del Norte surgirá un héroe, un paladín, un defensor de las causas justas, un campeón de la noble lucha que se alzara triunfante con la victoria o caerá, derrotado ignominiosamente por las garras del terrible Mal. Porque en realidad la bombilla no es que esté fundida, sino que su Luz ha sido secuestrada por el terrible hechicero Kugnao que, tal y como está escrito en las Crónicas de los Tiempos Antiguos, despertaría en el momento más insospechado para hacerse con el poder y sumir el Mundo en un mar de tristeza, terror y tinieblas. Por ello, nuestro héroe, armado con una legendaria armadura heredada de su noble padre y manchada con la sangre de mil memorables batallas, y empuñando su gloriosa y mítica espada, Skacharradragones, partirá a lomos de su espléndido corcel Bemeuve hacia las tierras donde se cree que habita el terrible mago Kugnao y sus hordas de temibles esbirros. Horrendo brujo que, para joder más la marrana, tiene secuestrada en la torre más alta de su tenebrosa ciudadela a la la hermosa princesa Metalina, de la cual nuestro héroes está prendado desde que eran unos niños... pero lamentablemente, los valerosos planes de nuestro héroe son advertidos desde la tétrica ciudadela del mago Kugnao gracias a un arcano artilugio de su invención, el Kanalsatellitedigitalus y, riéndose de los bienintencionados planes del noble campeón, envía en su busca a un nutrido y escogido grupo de sus sicarios más crueles y sangrientos. Entonces, en las extensas, polvorientas y maléficas llanuras de Monegroslandia, tiene lugar una estruendosa lucha entre las fuerzas del bien y las fuerzas diabólicas. ¡¡¡Ahhh, cómo tiembla la tierra!!! ¡¡¡Ahh, cómo rugen los cielos!!! Durante horas, los dioses iran por las patas pa'abajo oyendo el chocar de sus aceros... pero finalmente, el valeroso Guerrero, con un buen par, los pondrá a caldo a todos y levantará su acero en señal de victoria... ¡Pero a qué precio, amigos! Porque con su último aliento, uno de los malvados, viles y ruines malosos ha clavado su cochambrosa arma donde la espalda del héroe pierde su honroso nombre... Malherido, nuestro noble campeón se refugia en lo que él cree una segura aldea, pero donde una perversa envenenadora, al servicio del archiremalo mago le mete ponzoña en su birra, con lo cual a nuestro noble paladín le entra una resaca de lo más memorable. Debilitado, afligido y privado de su fogoso corcel, nuestro héroe iniciará una peligrosa travesía a través de tenebrosas tierras, hostiles pueblos y superará infinidad de peligros, se liará con un montón de pibitas, sus amigos le mandarán a tomar vientos, pero él proseguirá su lucha hasta sus últimas fuerzas. Cuando ya la peña esté hasta los webos de tanta batallita, el Paladín de las Tierras de Hielo conseguirá llegar hasta la inexpugnable fortaleza del mago Kugnao, donde retará a éste a una lucha entre los poderes extraordinarios de su espada y la violenta magia del hechicero. Una lucha desigual que no se hubiera decantado hacia el lado de las fuerzas bienhechoras sino fuera porque, en el último momento, llega en auxilio de nuestro sacrificado héroe un fantástico ejército formado por cienes de cienes de caballeros armados hasta las pestañas y montados en dragones de muchos y diversos colores (uich, que casi se nos olvidaban los dragones), llegados desde todas las tierras posibles que , haciendo caso omiso del conocido dicho "mil contra uno, mierda para cada uno", se enzarzan en cruenta lid con el sorprendido mago y las repugnantes bestezuelas que tiene a su servicio, y veeenga otra vez a ponerlo todo perdido de sangre, y vísceras, y las Valkirias del Valhalla poniéndose las botas, y en fin, blablablablablabla hasta que un magnífico y legendario mandoble de nuestro héroe pondrá fin a la cruenta leyenda cortándole el pescuezo al malo maloso de forma que toda la divina luz que había sido secuestrada y encerrada en su asquerosito pellejo se desparramará de nuevo por las tierras del Mundo, las florecillas resurgirán de entre las tinieblas, los pajarillos cantarán, las nubes se levantarán, la princesa Metalina, mmm, seguramente le pondrá los cuernos a nuestro héroe con el más pijo de los caballeros (por aquello de que no siempre pueden ganar los buenos) y, en definitiva, que chupi es todo, qué bien nos lo hemos pasado, cómo ha molao... y el caso es que ya vuelve a haber a luz por los siglos de los siglos, amén.

¿Cuántos fans de Metallica se necesitan para cambiar una bombilla?... Ninguno. Antes solían cambiar bombillas, pero después se pasaron a usar fluorescentes.

¿Cuántos manowareros se necesitan para cambiar una bombilla?... Desde 1982, siempre ha habido un manowarero dispuesto a cambiar una bombilla. La gente pensaba que no durarían. Pero ellos han seguido en pie, luchando por las bombillas que ellos creen auténticas, a salvo de la mediocridad moderna. Ellos han venido a cambiar la bombilla y nadie los podrá detener. Otros muchos lo han intentado, pero solo los auténticos manowareros son los que han podido cambiar la bombilla de forma auténtica, sin artificios, simplemente eso, una PURA BOMBILLA. Ellos han traido el cambio. Y todos aquellos que crean que un manowarero no es capaz de cambiar una bombilla, que se vayan a tomar por culo. ¡Que se jodan! Cambiarán la bombilla hasta la muerte. Hasta el último hombre. Hasta el último aliento. La bombilla ha de cambiarse. Escoge tu bando.

 

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