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sábado, 12 de abril de 2008

Rotkäppchen

Hubo una vez una chica que durante siete años no pudo ver a su madre. Ella llevaba como vestido una armadura y siempre le decían: cuando esa armadura esté gastada por el uso encontrarás a tu madre. Y entonces ella la restregaba cada vez más contra la pared para que se estropeara. Y por fin, la armadura se estropeó. Y ella compró pan, leche, queso y mantequilla. Quería llevárselo a su mamá que hacia siete años que no la veía. Su mamá vivía en una casita en un bosque muy oscuro, muy oscuro.

Cuando caminaba por el bosque se encontró con un lobo. El lobo le dijo: "¿Qué llevas en la cestita?"

Y ella contestó: "Pan, queso, leche y mantequilla. Es para mi mamá."

El lobo le dijo: "Yo quiero un poco de eso."

Y ella le contestó: "Es un regalo para mi mamá."

Después el lobo le preguntó: "¿Qué camino prefieres? ¿El de las agujas, o el de los alfileres?"

La chica contestó: "Iré por el camino de los alfileres."

jueves, 27 de marzo de 2008

Caperucita Roja, de Charles Perrault

 

En tiempos del rey que rabió, vivía en una aldea una niña, la más linda de las aldeanas, tanto que loca de gozo estaba su madre y más aún su abuela, quien le había hecho una caperuza roja; y tan bien le estaba que por Caperucita Roja conocíanla todos.

Un día su madre hizo tortas y le dijo:

— Irás a casa de la abuela a informarte de su salud, pues me han dicho que está enferma. Llévale una torta y este tarrito lleno de manteca.

Caperucita Roja salió enseguida en dirección a la casa de su abuela, que vivía en otra aldea. Al pasar por un bosque encontró al compadre lobo que tuvo ganas de comérsela, pero a ello no se atrevió porque había algunos leñadores. Preguntola a dónde iba, y la pobre niña, que no sabía fuese peligroso detenerse para dar oídos al lobo, le dijo:

— Voy a ver a mi abuela y a llevarle esta torta con un tarrito de manteca que le envía mi madre.

— ¿Vive muy lejos? —preguntole el lobo.

— Sí, —contestole Caperucita Roja— a la otra parte del molino que veis ahí; en la primera casa de la aldea.

— Pues entonces —añadió el lobo—, yo también quiero visitarla. Iré a su casa por este camino y tú por aquel, a ver cual de los dos llega antes.