
En tiempos del rey que rabió, vivía en una aldea una niña, la más linda de las aldeanas, tanto que loca de gozo estaba su madre y más aún su abuela, quien le había hecho una caperuza roja; y tan bien le estaba que por Caperucita Roja conocíanla todos.
Un día su madre hizo tortas y le dijo:
— Irás a casa de la abuela a informarte de su salud, pues me han dicho que está enferma. Llévale una torta y este tarrito lleno de manteca.
Caperucita Roja salió enseguida en dirección a la casa de su abuela, que vivía en otra aldea. Al pasar por un bosque encontró al compadre lobo que tuvo ganas de comérsela, pero a ello no se atrevió porque había algunos leñadores. Preguntola a dónde iba, y la pobre niña, que no sabía fuese peligroso detenerse para dar oídos al lobo, le dijo:
— Voy a ver a mi abuela y a llevarle esta torta con un tarrito de manteca que le envía mi madre.
— ¿Vive muy lejos? —preguntole el lobo.
— Sí, —contestole Caperucita Roja— a la otra parte del molino que veis ahí; en la primera casa de la aldea.
— Pues entonces —añadió el lobo—, yo también quiero visitarla. Iré a su casa por este camino y tú por aquel, a ver cual de los dos llega antes.














