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lunes, 16 de diciembre de 2019

Apuestas

Una viejecita fue un día al Banco del Comercio Bancomer llevando un bolso lleno hasta el tope de dinero en efectivo. Insistía ante la ventanilla solicitando que quería hablar única y exclusivamente con el Presidente del Banco para abrir una cuenta de ahorros para lo cual decía:

— Comprenda usted, es mucho dinero.

Después de mucho discutir la llevaron ante el Presidente del Banco, respetando el concepto de que el cliente tiene siempre la razón. El Presidente del Banco inquirió:

— ¿Cuál es la cantidad que usted desea ingresar?

Ella dijo que 16.500.000$ y automáticamente vació su bolso encima de la mesa. El Presidente naturalmente sintió una gran curiosidad por saber de donde habría sacado la viejita tanto dinero y le pregunto:

— Señora, me sorprende que lleve tanto dinero encima por ser mucha cantidad... ¿cómo lo ha conseguido?

La viejecita contestó:

— Es simple: hago apuestas.

— ¿Apuestas? -preguntó el Presidente- ¿Qué tipo de apuestas?

La viejecita contestó:

— Bueno, todo tipo de apuestas. Por ejemplo: le apuesto a usted 2.500.000$ a que sus pelotas son cuadradas.

El Presidente soltó una carcajada y dijo:

— Esa es una apuesta estúpida. Usted nunca podrá ganar una apuesta de ese tipo.

La viejecita lo desafió:

— Bueno, ya le dije que hago apuestas. ¿Está usted dispuesto a aceptar mi apuesta?

— Por supuesto -respondió el Presidente-. Apuesto 2.500.000$ a que mis pelotas no son cuadradas.

La viejecita dijo:

— De acuerdo, pero como hay mucho dinero en juego, ¿puedo venir mañana a las 10:00 AM con mi abogado para que nos sirva de testigo?

— Por supuesto -respondió el Presidente, teniendo en cuenta que se apostaba dinero.

Aquella noche el Presidente estaba muy nervioso por la apuesta, pasó largo tiempo mirándose sus pelotas en el espejo, volviéndose de un lado para otro una y otra vez. Se hizo un riguroso examen y quedó absolutamente convencido de que sus pelotas no eran cuadradas y de que ganaría la apuesta.

A la mañana siguiente, a las 10:00 AM en punto, la viejecita apareció con su abogado en la Oficina del Presidente. Hizo las pertinentes presentaciones y repitió la apuesta de 2.500.000$ a que las pelotas del Presidente son cuadradas.

El Presidente aceptó nuevamente la apuesta y la viejecita le pidió que se bajara los pantalones para mostrar sus pelotas. El Presidente se bajó sus pantalones, la viejita se acercó y miró sus pelotas detenidamente y le preguntó tímidamente si las podía tocar expresando:

— Tenga usted en cuenta que es mucho dinero y debo cerciorarme.

— Bien, de acuerdo -dijo el Presidente convencido-, 2.500.000$ es mucho dinero y comprendo que quiera estar absolutamente segura.

La viejita se acercó al Presidente y agarrándole empezó a palpar sus bolas. Paralelo a lo cual el Presidente se dió cuenta de que el Abogado estaba golpeándose la cabeza contra la pared.

El Presidente preguntó a la viejita:

— ¿Y ahora qué le pasa a su abogado?

Ella contestó:

— Nada, solo que he apostado con él 10.000.000$ a que hoy a las 10 de la mañana tendría las pelotas del Presidente de Bancomer en mis manos.

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