Juan trabajaba en una fábrica de pepinos. Llevaba trabajando allí bastantes años, hasta que un día llegó a casa y le confesó a su mujer que tenía una terrible compulsión: tenía unas ganas terribles de meter su pene dentro de la cortadora de pepinos. Su mujer le recomendó ir a un terapeuta sexual para superarlo, pero él decidió superarlo por sí mismo.
Después de semanas, Juan llegó un día a casa totalmente destrozado. Su mujer advirtió que algo iba mal y le preguntó qué había pasado.














