Tres almas suben al Cielo y San Pedro, que está en la puerta, les dice:
— Si no es por no entrar, pero es que aquí no cabe ni un alma... bueno, una sí.
Las tres almas se miran entre sí con cara de extrañados y dice una:
— Bueno, ¿y qué hacemos?
San Pedro les contesta:
— Yo lo que hago en estos casos es que cada alma me cuente cómo ha muerto y la que haya muerto de la forma más increíble entra.















