jueves, 10 de agosto de 2006

El desencajado, de Roger Zelazmy (3)

(---o---) continúa (---o---)

Él siguió.
— Muy bien —dijo la enorme serpiente—. Pasable de todos modos.
Bajó hasta casi su altura, escudriñándole.
— Estoy cansado de mantener suspensa la incredulidad —dijo él.
La serpiente pareció suspirar.
— Siento curiosidad por saber si yo podría ser muerto por uno de ésos —dijo Jackson.
— Es fisiológicamente posible —respondió la serpiente—, pero está prohibido. ¿Qué es lo que te pasa, de todos modos?
— ¿No podrías tan solo dejarme despertar?
— No.
— ¿Por qué no? Me gustaría saber por qué estoy aquí.
— Tales recuerdos no existen. Nunca lo sabrás. Tenía que ser así.
— ¿Y voy a soñar por siempre?
— Durante el resto de tu vida.
— ¿Cuál es el problema de la población? ¿Los otros planetas inhabitables, el viaje interestelar imposible, y la gente apilada como montones de tacos de madera en ataúdes de cristal?
— No podría decirlo.
— ¿Y tú eres la máquina, hablando a través de un electrodo en mi cráneo, alimentándome, programando la realización de mis deseos?
— Si lo quieres así...
— Pues no. ¿Estoy en coma? ¿Tuve un accidente? ¿Es esta alguna especie de terapia de drogas?
— Llámalo como desees.
— ¿Cuándo despertaré?
— Estás despierto.
— Eso es lo que tienes que decir tú. Sea la especie de máquina que seas, es lo que te han programado.
— ¿Por qué preguntas entonces?
Echó una mirada en derredor en busca de su arma. Había desaparecido.
Mas súbitamente la halló en sus manos.
— Si quieres matar a la serpiente, ¡adelante!
Rápidamente la volvió hacia su propia cabeza. Y se desmayó.
— No, no puedes.
Sus manos le cayeron a ambos lados.
— ¿Podría ser esto el infierno?
— Si lo quieres...
— ¿No puedo despertarme?
— ¿Estás seguro de que eso es lo que deseas? Hay ciertas disposiciones...
— Deseo intentarlo.
— Sea pues.

(---o---) continúa (---o---)